GEXXI - SIMA DE OTXABIDE

Desde hace tiempo, en el GEXXI,  teníamos programada para este pasado fin de semana la travesía Tete Sauvage – La Verna pero, tras nuestra reciente travesía Pont de Gerbaut-Pène Blanque, viendo el elevado nivel de agua del río y teniendo en cuenta las abundantes lluvias de las últimas semanas, decidimos suspender esa actividad y buscar una alternativa.
Desde un primer momento planteamos una visita a la Sima de Otxabide en Euskadi. La sima está enclavada en el Parque Natural del Gorbea (Vizcaya). Ahora hace justo dos años que estuve allí y los buenos recuerdos me impulsaban a volver.
A pesar de lo improvisada de la actividad, en dos o tres días el nuevo evento, publicado como siempre en nuestra página particular del Facebook, se empezó a llenar de compañeros que querían ir. Una vez descartadas aquellas personas que querían ir pero no podían y confirmadas las personas que tenían dudas, quedábamos siete compañeros.
El jueves, justo el día antes de nuestro viaje hacia tierras vascas, un compañero del GEXXI y del EDES me llamó para decirme que, por diversos problemas, habían tenido que suspender la actividad que ellos tenían prevista y preguntarme si podían venir con nosotros. El resultado de mi respuesta dio lugar a que la expedición fuese formada, finalmente, por diez espeleólogos, 9 del GEXXI y un invitado.
La organización de una actividad de este tipo, a través de internet y con personas que están en diferentes ciudades supone hacer un seguimiento diario del “muro” de la actividad, para ir coordinando todos los elementos que tienen que cuadrar: número de participantes, vehículos para desplazarse, lugar para dormir, material colectivo que aporta cada cual, información sobre la cavidad, etc.
Es un trabajo continuo pero, a su vez, agradecido. A estas alturas del GEXXI (a punto de cumplir dos años y medio), se ha formado un buen grupo de amigos a base de encontrarnos físicamente de vez en cuando y de dialogar en nuestra página del Facebook.

A lo largo del viernes, los diversos participantes fuimos saliendo de viaje hacía nuestro destino y cada grupo o individuo durmió en el lugar que había previsto (casa rural, coche a mitad de viaje, tienda, refugio, etc.)

El sábado habíamos quedado tarde, a las 11 de la mañana, para que todos pudiésemos dormir un tiempo adecuado, independientemente de la hora de salida de casa. La consigna era intentar llegar más temprano y así ir preparando el material colectivo y tener las conversaciones típicas entre la gente que se acaba de conocer y entre aquellos que hace tiempo no nos vemos.
Dudamos si montar una sola vía o dos, pero finalmente optamos por montar una única vía. Por cuerdas, chapas y mosquetones, no había problema, teníamos material para montar cuatro vías… o montar un chiringuito de venta ambulante de material de espeleología.

Como todos habíamos llegado con mucha antelación al punto de encuentro, el aparcamiento de Pagomakurre, en torno a las 11 de la mañana ya salíamos en dirección a la boca de Otxabide. En algo más de 30 minutos caminando por un sendero en muy buen estado, con algunos puentes de madera para salvar zonas inundables, llegábamos a las cercanías de la boca de Otxabide, colgada a mitad de la pared.




La instalación de la cavidad corrió a cargo de Iñaki, nuestro compañero de Bilbao que, aunque hacía muchos años que no visitaba la sima, en su momento había descendido en varias ocasiones e incluso había clavado algunos de los spits existentes.
Su forma de ver la actividad nos proporcionó numerosas oportunidades para disfrutar “metiéndonos” con él: “Con 150 metros de cuerda tenemos de sobra”, decía, cuando en realidad hacen falta en torno a 200 metros para bajar los pozos de entrada, menos mal que no le hice caso e insistí en bajar la cantidad de cuerda que mi información aconsejaba; “Una vez bajado los pozos no hace falta material personal de progresión”, aseguró, pero, en realidad, el circuito que Iñaki tenía previsto pasaba por tres o cuatro pasos bastante expuestos, donde la cuerda era aconsejable para evitar alguna desgracia. Como si que le hicimos caso y nos despojamos de todos nuestros aparatos, tuvimos que usar técnicas un tanto primitivas para pasar por estos lugares, ya que solo teníamos una cuerda, un puño y otro trozo de cuerda para hacer un arnés improvisado.
Para ser sinceros, la verdad es que Iñaki no usaba las cuerdas y nosotros sí... la deducción fue que los vascos saben volar y los catalanes no.
Lo bueno de estas anécdotas es que practicamos técnicas de fortuna y disfrutamos de sensaciones algo más intensas… con alguna caída incluida.
Siguiendo el circuito que nos había preparado llegamos a galerías bastante escondidas que tenían su punto culminante en la Sala Gorbea. Iñaki fue el guía perfecto metiéndonos por zonas donde, quizá, no hubiésemos llegado solo con la topografía disponible.
La sima, una vez bajados los pozos de entrada, está formada por galerías de enormes dimensiones donde, en términos generales, se camina como si fuésemos por galerías del metro, eso sí, en muy buena compañía y disfrutando de un entorno al alcance de pocas personas en el mundo.




Durante muchas horas deambulamos por las diferentes galerías y salas, teniendo tiempo para hacer juegos de palabras, algún bailecito y numerosas fotos. El buen ambiente y el buen rollo entre los diez compañeros era evidente y, aunque todos estábamos satisfechos de la visita y disfrutando mucho, llegó un punto en que estábamos cansados de tantas horas de cavidad. Decidimos que la visita al río sería la parte final de nuestro paseo por las profundidades. Desde allí nos dirigimos de nuevo hacia los pozos de entrada que, ahora, serían nuestra vía de salida. Fuimos ascendiendo de forma bastante ágil pero, aún así, tuvimos que esperar durante mucho tiempo a los compañeros que estaban desinstalando. La espera la hicimos una vez superadas todas las cuerdas y a escasos cinco minutos del exterior. Aprovechamos este tiempo, con algo de frio por la inactividad, para hablar de numerosos temas, entre ellos el planteamiento de nuevas actividades para el futuro.






Cuando todos los compañeros llegamos al exterior de la sima empezó a llover con bastante intensidad. El agua nos acompañó hasta le coche y mientras nos cambiábamos de ropa, así que prácticamente no pudimos despedirnos los unos de los otros ya que también se estaba mojando nuestra ropa “de bonito”.
A partir de este punto cada grupo o individuo optó por diferentes alternativas, en mi caso y de los tres compañeros que habíamos viajado en mi coche, fuimos hasta la Casa Rural Esparta en Artea para pasar la noche tal y como habíamos hecho el día anterior.
Tras una ducha reparadora, cenamos algo en la habitación del hotel y nos fuimos a dormir, que ya tocaba. Por la mañana nos esperaba un completo desayuno para reponer fuerzas, acompañados del periquito de la casa rural, Peti. El pájaro que es todo un artista revolotea por el comedor y va de espejo en espejo y no para de hablar, de vez en cuando viene hasta nuestra mesa y juega con las cucharillas del café (se mira en ellas y las intenta tirar al suelo). El espectáculo es muy interesante y estamos los cuatro muy sorprendidos.
Más tarde podemos jugar con los numerosos gatos que esperan al otro lado de la puerta. Tras una larga conversación con los dueños de la casa, iniciamos el viaje de regreso hacia casa con las paradas previstas para disfrutar del domingo.
Nuestra primera parada es en Vitoria. Allí, durante varias horas, recorremos las tranquilas y bellas calles y vamos de tapeo de calidad. A media tarde avanzamos un tramo más en nuestro retorno y llegamos hasta Haro, donde proseguimos el tapeo durante largo rato.





Finalmente, ya de noche, llego a casa con el tiempo justo de hacer cuatro cosas antes de irme a dormir ya que el lunes toca madrugar.
Lunes y martes con diversas actividades, en muy buena compañía, por tierras de Tarragona: visita a la capital, búsqueda de bolets, visita turística a la cueva de la Febró…
Martes por la noche, de vuelta a casa, después de cinco días intensos y numerosos planes en la agenda…




P.D. Mientras escribo estas líneas leo la noticia de que ya han sido rescatados dos de los mineros que han estado atrapados durante 69 días en la mina San José de Chile. Desde aquí mis felicitaciones a todos los que han hecho posible que estos “compañeros de actividad” puedan volver al exterior. Una vez más, queda claro que si las personas nos unimos no tenemos casi límites y, ya puestos, mejor nos unimos para cosas positivas.

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