VIETNAM Y CAMBOYA (Parte 3. Camboya).

17-09-2016. Tras un corto vuelo desde Ho Chi Minh (Vietnam) llegamos al espacio aéreo de Phnom Penh (Camboya), y digo a espacio aéreo porque el avión estuvo dando vueltas en circulo durante 30 o 40 minutos; por las ventanas solo se veían campos inundados y la megafonía permaneció muda todo este tiempo. Cuando al final aterrizamos, nos enteramos de que el aeropuerto había estado cerrado por la intensa lluvia que había inundado la pista.

Esa noche tan solo nos dio tiempo de pasear un rato por la ciudad y cenar algo, antes de ir a dormir para estar preparados para una nueva jornada de descubrimientos.


18-09-2016. Nuestra primera visita es al Museo Tuol Sleng Genocide, una antigua escuela que fue usada por los Jemeres Rojos, como campo de concentración y lugar de torturas, durante el tiempo que dominaron el país. https://es.wikipedia.org/wiki/Jemeres_rojos   
La visita es intensa, bien con las audio guías o, mejor aún, con una guía local como en nuestro caso, que vivió de primera mano cuando era niña, junto a su familia, los efectos de los locos que dominaron el país durante unos años.






Un superviviente de los campos de concentración con el libro que le compré donde explica sus vivencias.
La siguiente visita, complementaria de la primera, fue al Campo de la Muerte Choeung Ek.  Aquí mataron, y enterraron, a numerosas personas. Algunas técnicas eran tan crueles como golpear a los niños contra un árbol o tirarlos al aire y disparar a modo de tiro al plato. El ser humano ha sido y es capaz de hacer lo más extraordinario y lo más miserable.





Tras comenzar la mañana de forma dura, el siguiente destino es el Mercado Central, donde podemos pasear entre diferentes tipos de mercancías y desconectar de las imágenes matinales.





La siguiente visita es más "edificante", por eso de que visitamos edificios... concretamente vamos al Palacio Real y a la Pagoda de Plata.






La última visita del día es a Wat Phnom, un monumento a la victoria como símbolo de la independencia de Camboya del colonialismo francés en 1953.





19-09-2016. Hoy será un día de pasar muchas horas en la furgoneta, tan solo hacemos una visita al poco de iniciar el viaje y otra casi al final.




La primera visita es a Phnom Udong, la antigua capital de Camboya, donde descansan los huesos más sagrados de Buda.
















La segunda visita del día, en realidad fueron tres visitas, a tres elementos contiguos pero independientes entre si por características y situación.

Primero visitamos Phnom Sampeau. En principio se trataba de una visita para hacer tiempo para otra visita posterior, pero la verdad es que el lugar me encantó y me hubiese gustado disponer de más tiempo para visitarlo tranquilamente. Aquí, en la época de los Jemeres Rojos, lanzaban a la gente al vacío y caían en el interior de una gran cueva.
Ahora es un lugar lleno de estatuas, y de monos que deambulan tranquilamente sin inmutarse demasiado por la cercanía de los visitantes.















Al volver de esta visita, fuimos hasta una cabeza de Buda gigante a la que se accede por unas precarias escaleras metálicas verticales. La figura impresiona por su tamaño y belleza.




Un poco más tarde tocaba contemplar como millones de murciélagos salían de una cueva, como cada atardecer, prolongándose la escena durante varias decenas de minutos. Es una escena curiosa, pero de haberlo sabido antes hubiese dedicado más tiempo a la primera visita y habría prescindido de ésta.


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20-09-2016. Por la mañana, temprano, montamos en el Tren de Bambú de Battambang. En realidad no es un tren, es una simple tabla, montada sobre cuatro ruedas e impulsada por un motor adaptado. Utiliza unas antiguas vías en desuso y, aparte de atracción turística, recoge a gente durante el trayecto para acercarlas al otro extremo de la "línea".
Los raíles están torcidos en muchos lugares y, sumado a la velocidad y precariedad del conjunto, da la sensación de que vayas a salir despedido en el momento menos esperado.
Como la circulación es en los dos sentidos por la misma vía, cuando se encuentran dos trenes en sentido contrario, hay que bajarse de uno de ellos, desmontarlo, dejar pasar el otro tren y volver a montarlo sobre los raíles. 
No es especialmente atractivo o diferente el paisaje ni el destino, una aldea y una fábrica de ladrillos, pero, si se está en el lugar, vale la pena tener la experiencia de montar en este tren.





Tras esta experiencia adrenalítica, nos dirigimos al cercano templo de Wat Banan, situado en una colina. Se llega hasta el conjunto de edificaciones tras subir una larga escalera. Es un anticipo de lo que veremos en los próximos días en Siem Reap.









La siguiente visita es a Wat Ek Phnom, también en los alrededores de Battambang, con un imponente Buda presidiendo el exterior del recinto.








Para completar el día, ya solo faltaba una breve visita a un mercado, un largo viaje en la furgoneta y la llegada a Siem Reap, con el tiempo justo para, una vez instalados en el hotel, montar en un tuc tuc para ir a cenar.






Y el siguiente capitulo, el cuarto y último estará dedicado monográficamente a los templos de Angkor, en Siem Reap.